La difícil tarea de vivir conmigo misma
He traído conmigo una gran carga de sentimentalismo desde que me recuerdo cómo un ser pensante y vibrante. No estoy hecha para las frías y vacías experiencias. Busco la intensidad en cada pálpito. Es probablemente la más difícil de las decisiones depositar mis sentimientos en otro ser, y procurar confiar en que los cuidara y les brindara el valor que yo les puedo dar. Es una tentación inevitable. Es un dolor irremediable in-evadible. Una suerte de masoquismo y autodestrucción. El placer insaciable que consigo al saber inconsistente que es un acto de odio hacia mi propio ser. El saber que las posibilidades de perder son mayores que las de ganar y que el dolor a pesar de destruir lo poco que me queda me hace recordar que la muerte nos ronda constantemente, que está más cerca de lo que pensamos y que debido a eso estamos más vivos que nunca.
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