Capítulo I
Era el cumpleaños de mi amiga con la que estudiaba italiano y lo celebrábamos en un bar en Miraflores. Yo acababa de terminar una relación de 3 años, llena de emociones intensas, viajes y planes premaruros de matrimonio. Era el fin definitivo de algo que no tenía futuro, porque estaba siendo forzado. Yo no me sentía preparada para asumir tanta responsabilidad y mucho menos para ser madre, que era uno de los más grandes deseos de mi pareja.
Como parte de nuestra ruptura, yo estaba totalmente interesada en conocer a alguien con una visión distinta de la vida. Alguien con quien compartir aventuras de las que me gustan y solo desearnos uno al otro sin pensar en formalidades y futuros inciertos. Y fue justo cuando llegó. Fue una noche confusa, luego de que en las últimas semana haya tenido 5 citas con un hombre que aparentemente era muy parecido a mi ex, ya que en el poco tiempo de conocernos me hablaba de que quería que vivamos juntos y viajemos. Me gustaba la idea porque yo estaba de vacaciones del trabajo, solo estaba estudiando idiomas y tampoco me parecía muy extraño porque el venía de una cultura en la que eso puede ser muy normal. Lo que me incomodaba es que en más de una ocasión me dijo que le pareció que a mi me gustaba su roommatte y hasta me dijo que estaba buscando un lugar para mudarse sólo. Ya olía a mi ex y yo quería algo distinto.
Entonces, estaba ahí, este chico que acababa de conocer en el cumpleaños de mi amiga, me parecía un poco bobo, tímido, asocial, no sabía relacionarse con la gente que estaba al rededor de nosotros. Estábamos en una fiesta, y el estaba sentado sin mirar a nadie más que a mí. No voy a negar que eso me gustaba, ser el centro de su atención, alimentaba mi ego a pesar de que él no me gustaba tanto.
Como sabía que el nunca lo haría, lo saqué a bailar. Su baile era muy descoordinado. Definitivamente se notaba que venía de otro lado. Más que de otro lado, de otro mundo. Tenía la espalda muy ancha, a pesar de que no era muy alto. Sus manos eran muy anchas y toscas, lo que me daba la sensación de fortaleza. Me agarraba de la cintura y bajaba la mano por mis caderas. No me tocaba más de lo debido. Tenía un olor fuerte a mar, su cabello rubio, largo y reseco me rozaba la cara. Su rostro parecía neutro la mayoría de las veces que nos mirábamos, pero su mirada era penetrante. Y su voz, potente y muy grave. Se que le gustaba mucho porque no me quitaba la mirada en ningún momento, era como si me viera como algo inalcanzable. Sinceramente en ese momento lo era, porque lo veía como un chico tonto e inocente, no me llamaba la atención ser su maestra.
Le dije que vayamos afuera para respirar porque quería saber si podíamos conversar. Hablamos del tiempo en California en comparación con el invierno de Lima. Yo temblaba de frío, y por más que podrían pensar que lo hacía a propósito, sinceramente nunca se me ocurre hacerlo a propósito porque me gusta la independencia de poder abrigarme sola y no requerir que alguien más lo haga, al menos no cuando recién nos estamos conociendo. Como era de esperarse, me ofreció su chompa, lo gracioso, como muchas cosas graciosas que ocurrieron después con él, es que su chompa era más delgada que la mía y pues como siempre lo hago, le dije que muchas gracias pero no.
Estuvimos caminando, me decía que no sabe bailar y nunca sale a fiestas, pero que la estaba pasando muy bien conmigo. Le dije que yo le podía enseñar a bailar y me dijo que sí, por favor lo hiciera. Fuimos a un bar cercano, a dos cuadras de distancia, nos sentamos juntos en el mueble mientras mirábamos a todos eufóricos por el alcohol, besándose y conversando mucho. No hablábamos mucho entre nosotros y me parecía que no había química entre nosotros. Le pregunté si consumía alguna droga, me dijo que a veces consumía marihuana. Que también le gustaba a veces tomar ácidos y me contó sobre una experiencia reciente con hongos alucinógenos.
Entonces, estaba ahí, este chico que acababa de conocer en el cumpleaños de mi amiga, me parecía un poco bobo, tímido, asocial, no sabía relacionarse con la gente que estaba al rededor de nosotros. Estábamos en una fiesta, y el estaba sentado sin mirar a nadie más que a mí. No voy a negar que eso me gustaba, ser el centro de su atención, alimentaba mi ego a pesar de que él no me gustaba tanto.
Como sabía que el nunca lo haría, lo saqué a bailar. Su baile era muy descoordinado. Definitivamente se notaba que venía de otro lado. Más que de otro lado, de otro mundo. Tenía la espalda muy ancha, a pesar de que no era muy alto. Sus manos eran muy anchas y toscas, lo que me daba la sensación de fortaleza. Me agarraba de la cintura y bajaba la mano por mis caderas. No me tocaba más de lo debido. Tenía un olor fuerte a mar, su cabello rubio, largo y reseco me rozaba la cara. Su rostro parecía neutro la mayoría de las veces que nos mirábamos, pero su mirada era penetrante. Y su voz, potente y muy grave. Se que le gustaba mucho porque no me quitaba la mirada en ningún momento, era como si me viera como algo inalcanzable. Sinceramente en ese momento lo era, porque lo veía como un chico tonto e inocente, no me llamaba la atención ser su maestra.
Le dije que vayamos afuera para respirar porque quería saber si podíamos conversar. Hablamos del tiempo en California en comparación con el invierno de Lima. Yo temblaba de frío, y por más que podrían pensar que lo hacía a propósito, sinceramente nunca se me ocurre hacerlo a propósito porque me gusta la independencia de poder abrigarme sola y no requerir que alguien más lo haga, al menos no cuando recién nos estamos conociendo. Como era de esperarse, me ofreció su chompa, lo gracioso, como muchas cosas graciosas que ocurrieron después con él, es que su chompa era más delgada que la mía y pues como siempre lo hago, le dije que muchas gracias pero no.
Estuvimos caminando, me decía que no sabe bailar y nunca sale a fiestas, pero que la estaba pasando muy bien conmigo. Le dije que yo le podía enseñar a bailar y me dijo que sí, por favor lo hiciera. Fuimos a un bar cercano, a dos cuadras de distancia, nos sentamos juntos en el mueble mientras mirábamos a todos eufóricos por el alcohol, besándose y conversando mucho. No hablábamos mucho entre nosotros y me parecía que no había química entre nosotros. Le pregunté si consumía alguna droga, me dijo que a veces consumía marihuana. Que también le gustaba a veces tomar ácidos y me contó sobre una experiencia reciente con hongos alucinógenos.
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